Pues parece ser que así es y no sólo en el falseamiento de los recuerdos sino en algo mucho más grueso como es la percepción y más allá de eso también en las creencias.
Pero para entender cómo nos engaña tendremos que darnos una vuelta por las ideas que desarrollaron algunos antes de que las neurociencias estiman como tales, me refiero a los pensadores. Heredamos de Kant una concepción del mundo representacionista: significa que nuestro cerebro se representaba la realidad y guardaba copia de ella, albergándola en una especie de disco duro (este concepto tardaría un poco más en aparecer) pero que parecía compatible con el funcionamiento de los ordenadores digitales. Es por eso que los cognitivistas de primera generación aplicaron con cierto éxito la metáfora del ordenador que se ha hecho hasta muy literaria. Había un lugar donde se guardaban los hechos, un aparato sensible (los sentidos) que lo percibían y otro módulo se ocupaba de recobrar aquellos recuerdos, experiencias o vivencias que se evocaban a veces de forma consciente y voluntaria y otras veces de forma involuntaria.
Hoy ya no pensamos que las cosas sucedan así. Lo que hoy creemos es que nuestro cerebro no es un simple reservorio pasivo de datos que se limita a tomar prestados de la realidad y lo sabemos porque los cognitivas más avanzados acabaron por entender que ese modelo de receptáculo pasivo no podía explicar ni los sueños, ni la intuición ni la psicopatología. Hoy sabemos que las cosas funcionan mas o menos así:
El cerebro mantiene una actividad intrínseca permanente incluso cuando dormimos (el sueño REM tiene una actividad similar al estado de vigilia).Pero para entender cómo nos engaña tendremos que darnos una vuelta por las ideas que desarrollaron algunos antes de que las neurociencias estiman como tales, me refiero a los pensadores. Heredamos de Kant una concepción del mundo representacionista: significa que nuestro cerebro se representaba la realidad y guardaba copia de ella, albergándola en una especie de disco duro (este concepto tardaría un poco más en aparecer) pero que parecía compatible con el funcionamiento de los ordenadores digitales. Es por eso que los cognitivistas de primera generación aplicaron con cierto éxito la metáfora del ordenador que se ha hecho hasta muy literaria. Había un lugar donde se guardaban los hechos, un aparato sensible (los sentidos) que lo percibían y otro módulo se ocupaba de recobrar aquellos recuerdos, experiencias o vivencias que se evocaban a veces de forma consciente y voluntaria y otras veces de forma involuntaria.
Hoy ya no pensamos que las cosas sucedan así. Lo que hoy creemos es que nuestro cerebro no es un simple reservorio pasivo de datos que se limita a tomar prestados de la realidad y lo sabemos porque los cognitivas más avanzados acabaron por entender que ese modelo de receptáculo pasivo no podía explicar ni los sueños, ni la intuición ni la psicopatología. Hoy sabemos que las cosas funcionan mas o menos así:
Cuando un estimulo aparece en el horizonte de nuestro mundo sensible sea un estimulo sensorial o un pensamiento nuestro cerebro adelanta una hipótesis acerca de lo que va a percibir, construye una especie de simulacro que proyecta en la realidad y que compara con la experiencia previa (memoria).
Entonces la realidad devuelve al cerebro una verificación o bien una desautorización de lo que el cerebro ha percibido o pensado.
Después el cerebro corrige la trayectoria de su percepción anterior y plantea una nueva hipótesis que vuelve a confrontarse con la realidad, y así sucesivamente hasta que hipótesis y realidad llegan a un acuerdo, hoy diríamos que llegan a un punto de coherencia.
Y entonces el cerebro dice, “así es”. Es lo natural porque nuestra corteza cerebral tiene nada menos que seis pisos donde guarda información bien distinta entre sí. Si lo que percibimos es algo visual, una cara por ejemplo, cada una de estas capas está especializada en algo diferente, una capa guarda contornos, otra sombras, otra formas, otra colores y así hasta llegar a los pisos mas altos que son áreas asociativas, es decir áreas que comunican los distintos sentidos entre sí, no es de extrañar que ver una cara nos lleve a oír canciones concretas, algo que sucede en los sintéticoshttp://www.youtube.com/watch?v=8ufviLocKgw o que inmediatamente las ubiquemos en un lugar, tiempo y que además una cara tenga un sentido especial para nosotros, una especie de resonancia afectiva.
el cerebro es capaz de engañarlos si nosotros no lo entrenamos para actuar y ser mas perspicacez, por eso es necesario leer un buen libro y educarnos lomas que podeemos
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